APUNTE
Abro la puerta de calle y me aturde
el vertiginoso tránsito de la avenida. Huyo. Al llegar a Rivadavia, otro
tránsito, esta vez humano. Lento, hacia la derecha y la izquierda sin destino
aparente; señoras respetables de andar
inseguro y zapatos torcidos colgadas de señores grises con caras aburridas; muchos
niños, pringosos y gritones, tirando de
mangas y señalando vistosas vidrieras: grupos de efervescentes jóvenes en busca
de diversión o hamburgueserías. La huida nuevamente. Una mesita al lado de una
ventana cuya visión no me pertenece; abro mi libro en la página señalada y otra vez
la paz en mi vida…
Flores, domingo a la tarde.
Miryam Balboni
Octubre 2013
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